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Cualquiera sea la que elijas, te la voy a adivinar
Cualquiera sea la que elijas, te la voy a adivinar.

Ahora lo ves, ahora no lo ves

Su primer especial para televisión nos dejó a todos con cara de signo de pregunta. Nada de teatros, nada de efectos con luces: todo en la calle. Con ustedes el increíble David Blaine.

¿Cómo con tan poco alguien puede asombrar tanto? ¿Cómo uno se puede sentir idiota y tener algo de miedo a la vez? Esas son las sensaciones que se tienen cuando el mago callejero David Blaine hace de las suyas.

Durante mucho tiempo, vimos como los shows de magia fueron evolucionando. Primero, la época de los showmen de Las Vegas de Siegfried and Roy que con sus tigres blancos maravillaban (y aún hoy continúan haciéndolo) al hacer malabares con sus animalitos. Más tarde vino un muchacho con peinado de telenovela que decía haberse enamorado de Claudia Schiffer. David Copperfield asombraba con sus trucos cuando se partía al medio o cuando volaba adentro de un teatro boquiabierto. Sin embargo, el hecho de que aquellas "ilusiones" fueran hechas en lugares cerrados, causaban un poco -si no bastante- de escepticismo. Tiene que haber un cable por ahí que no vemos. Debe haber un espejo o algún efecto de luces por allá al costado. Bueno, todas esas dudas con David Blaine desaperecen. Los trucos son hechos en la calle, y sus "víctimas", peatones de todos los días. Nada de cables, nada de luces, nada de efectos. Pero...¿cómo es que hace esos trucos?

Durante el primer especial que se pudo ver por TV, el hombre pedía prestado una moneda de 25 centavos al transeúnte de turno. Blaine la agarraba, se la metía en la boca y la partía al medio con sus dientes. Y ahí no terminaba la cosa. Segundos más tarde, escupía la mitad que tenía en su boca y asombrosamente volvía y se juntaba con la otra mitad que tenía en la mano. La moneda, como si nada hubiera pasado.

Enterrado vivo en pleno centro de Nueva York
Enterrado vivo en pleno centro de Nueva York.

Ni hablar cuando Blaine agarra un mazo de cartas. Por más que uno elija un as, lo meta en el medio del mazo y mezcle y remezcle, el moreno no sólo adivina la carta que habíamos elegido sino que la misma aparece del otro lado del vidrio de la confitería que estaba en la esquina de esa calle.

Si bien uno puedo sospechar mucho del hecho de que el mago callejero adivine el número que una persona tiene en su mente con sólo mirarle a los ojos, la cara de los participantes de aquel truco fue de tal asombro que parecía que en verdad Blaine se hubiera metido en sus cabezas.

El truco que más causa perplejidad es el que acontence cuando David se levita en el medio de la gente. Como si fuera un astronauta en una estación espacial, se pone de espaldas a un par de testigos y consigue levantarse unos -varios- centímetros. La pregunta del millón: ¿cómo lo hace?

Levitando. No pregunten cómo lo hizo
Levitando. No pregunten cómo lo hizo.

Para promocionar su primer especial de televisión, Blaine hizo algo totalmente descabellado. Se encerró en un ataúd de vidrio transparente y fue enterrado de esa forma (con una cámara que lo filmaba) en pleno centro de Manhattan. Según el mago, entrando en un trance profundo conseguiría permanecer vivo por una semana. Dicho y hecho. A los cinco días, obreros sacaron el ataúd y Blaine despertó. ¿Cómo lo hizo? Otra vez, sin respuestas.

Para su segundo programa, el mago dice que está preparando los músculos de su pecho. Promete sacarse un bala del medio de su tórax. Ver para creer...

David Blaine vivió en Harlem con su madre hasta que ésta tuvo cuarenta años y falleció por una enfermedad. Pasaba largas horas en la biblioteca leyendo libros de magia. Y gracias a eso es que hoy en día nos seguimos preguntando: ¿cómo hace?


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Carlos Ambrosini
cambrosini@bomboncitomagazine.com
22/11/2000
 
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