 Las playas de Cuba son paradisíacas. |
La Habana, Varadero y otros tesoros: Tentación cubana
La isla más grande del Caribe tiene mucho más que ron y tabaco para ofrecer. Maravillosas playas, paisajes únicos, arquitectura colonial y una fascinante cultura son los ingredientes de este poderoso cóctel. Bébete toda Cuba de un solo trago.
La puerta de entrada es La Habana Vieja y toda su magia. La capital cubana exhibe con orgullo el paso del tiempo y eso se nota en cada rincón: calles empedradas, palacios y casonas con más de 300 años de antigüedad. La monumental imagen de hierro de Ernesto Che Guevara frente al Ministerio de Trabajo, con la inscripción "Hasta la victoria siempre",  Encontraremos una gran cantidad de bares, en este caso El Tocororo. | y la gigantesca explanada de cemento de la Plaza de la Revolución son los sitios ideales para comenzar la recorrida que nos llevará hasta el Malecón. Esta avenida costanera que bordea el mar a lo largo de siete kilómetros es el punto de reunión de los cubanos: los pescadores lo eligen por la mañana, las familias suelen recorrerlo de punta a punta por las tardes, y las parejas de enamorados lo visitan por las noches, con el faro del Morro como fondo.
Para hacer un alto nada como un mojito (en "La bodeguita del medio" o un daikiri en "La Floridita", dos de los favoritos del escritor Ernest Hemingway, que durante dos décadas fue uno de los más ilustres habitantes de la isla. La casa de San Miguel del Padrón en la que vivió el Premio Nobel de Literatura de 1954, a poco más de media hora de La Habana, fue convertida en el Museo Hemingway, y alberga más de nueve mil volúmenes. De regreso en la capital y para almorzar bien y barato nada mejor que elegir algún paladar, pequeñas cantinas de cuatro o cinco mesas ubicadas en casas de familia, que por apenas 5 ó 6 dólares sirven los más deliciosos platos típicos (arroz moro con frijoles, pescado, langosta, y plátano frito).
Los imperdibles en La Habana: fotografiarse en el Capitolio (una magnífica construcción inspirada en su similar de Washington D.C.); comprar adornos, instrumentos musicales y bijouterie en el mercado de la Plaza Catedral (los precios son tan accesibles que ni siquiera hace falta regatear); visitar una fábrica de puros, por ejemplo la célebre Partagás; cenar en El Tocororo, en el barrio Miramar (la zona más elegante y residencial de la ciudad). Y a las nueve de la noche en punto la cita obligada es en la fortaleza de San Carlos de la Cabaña. A esa hora se celebra la Ceremonia del Cañonazo, que al igual que tres siglos atrás, anuncia el cierre de la muralla.
Dejamos atrás los encantos de La Habana y hacia el este nos topamos con dos de las perlas cubanas: Varadero y Cayo Coco. En la primera, las aguas son tibias, el declive del mar es suave y las extensas playas de blandas arenas están cubiertas por cocoteros, palmas y palmeras. Y por hermosas mujeres. El contraste de color es asombroso: el mar turquesa, la arena blanca, las pieles negras (caribeñas) y pálidas y rojas (de la  Cuba es un imán de Bomboncitos. | enorme cantidad de turistas europeas que llegan a esta costa). Está poblada además por lujosos hoteles que funcionan con el sistema All Inclusive. Para que la única preocupación sea gozar. En la segunda, los deportes náuticos son la vedette. Un consejo: por sólo US$ 30 se pueden alquilar embarcaciones con el piso de cristal para navegar viendo el fondo del mar. Una experiencia alucinante.
Hasta hace pocos años era el secreto mejor guardado en la isla, pero hoy todos saben que Cayo Largo es lo más parecido al paraíso. Por un puñado de dólares se puede visitar la Isla de las Iguanas, un espacio sólo habitado por estas especies que esperan ansiosas la llegada de los turistas (que los proveen de su alimento favorito: el pan), o bien acercarse hasta Playa Sirena, un sitio ideal para los que gusten de practicar el nudismo.
 El Che siempre es recordado. |
Las opciones se multiplican cada vez más. Uno no puede dejar de visitar el Circuito Azul, una serie de playas a las que es posible acceder en bicicleta desde La Habana: Boca Ciega, Guanabo, Jibacoa, El Mégano, San María del Mar, El Trópico y otras. También vale una escapadita a Trinidad, una ciudad colonial de casi cinco siglos de vida; a Sierra Maestra, donde se encuentra el pico Turquino, el más alto de la isla; a Santiago de Cuba, la segunda ciudad del país, donde se mezclan costumbres y danzas españolas, africanas y francesas; a Baracoa, la más oriental de las playas; o a ... cualquier sitio. Porque Cuba tiene todos los ingredientes para transformarse en un delicioso cóctel. ¡¡Oye, chico: bébetelo todo de un solo trago!!.
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